Roberto Opazo | Un legislador: un mismo juez y parte

By 18/05/2017Opinión
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“No confiamos en la política”, “No, gracias. No quiero saber nada de política”, “Todos son ladrones”, son frases recurrentes entre muchos compatriotas, me tocó –personalmente- escucharlas en varias partes del país mientras invitaba a las personas a unirse a nuestro Partido Ciudadanos. En la otra vereda encontramos a quienes firmaban y confiaban que era hora de hacer las cosas bien, comenzando un verdadero trabajo que aúna voluntades para construir un mejor país. El desprecio y el escaso apoyo a la política chilena obliga a reformar las maneras en cómo se constituyen los Partidos Políticos. Así un variado grupo de nuevos partidos han aparecido en la palestra pública (hace no más de un año), pero se han logrado constituir a duras penas, y no con más de 4 regiones en el país, viendo difícil la competencia en igualdad con los partidos más antiguos (y no por ello tradicionales).

Hoy en día nos encontramos ante un sistema de formación de Partidos Políticos que pareciera asegurar la permanencia de los Partidos “tradicionales”, en donde si los nuevos quieren constituirse, por ejemplo en la región de Aysén, deberán hacerlo con al menos 500 firmas ante ministro de fe. Pero si consideramos que hay aproximadamente 20.500 ayseninos con derecho a sufragio y la suma de los 500 afiliados mínimos que deben tener los 30 partidos políticos constituidos a la fecha suman 15.000 personas, lo que significa que aproximadamente un 73% de la población aysenina con derecho a sufragio deberían militar en un partido, lo cual ya es un índice alto, pero cabe tener más en consideración que estamos hablando de una región cuyas ciudades son pequeñas y distan entre sí por varios kilómetros, lo que se traduce en un esfuerzo imposible de abarcar teniendo en cuenta que es necesario lograr la afiliación ante un ministros de fe (notario o ministro de fe del SERVEL), y como si eso ya fuese complicado no hay que olvidar que sólo de aquellas personas con derecho a sufragar sólo pueden afiliarse aquellas que no militen en otro partido.

Por otro lado, existe una diferencia visceral entre el proceso de refichaje y el de constitución, siendo que en el primero sólo basta la declaración de afiliación y fotocopia simple de cédula de identidad enviada por correo electrónico, mientras que la declaración de afiliación para partidos en constitución requiere –aparte del mínimo de afiliados requerido para cada región- la presencia de un ministro de fe. La diferencia práctica entre ambos procesos, uno para los antiguos y otro para los nuevos, está a la vista.

Con tanta dificultad es una tarea titánica constituir un partido político en Chile, cuando a la luz de la realidad de descontento imperante es imperioso tener nuevas y mejores plataformas ciudadanas que permitan facilitar al ciudadano a asociarse libremente y generar instancias de participación e incidencia política con la menor traba posible. Claramente es necesario reformular qué tipo de sistema de partidos es aquel en que su potencial sea medible a través de las opciones que existan a disposición, es decir, mientras menos trabas para formar partidos políticos, más opciones se crean para generar un Partido de calidad, y sobretodo para que el ciudadano pueda depositar su confianza y representación. Pero ¿qué podemos hacer cuándo los partidos políticos “tradicionales” son legislador, juez y parte? Con toda convicción puedo decir que quedarse de brazos cruzado no es una opción.

Columna publicada originalmente por http://www.opine.cl/